"Flores sobre las piedras". Una frase que atrae mi curiosidad.
Los días de horarios completos, necesidad obsesiva de compañía,
noticias que no pasan por mis oídos, lugares del lugar en que vivo que no han pisado mis pies.
El oficio de periodista exige dedicación, experimentación, exige una liberación de prejuicios,
exige ilimitarse dentro de lo limitado. Tener una cámara con zoom óptico de gran alcance, no me
acerca del sitio ni la situación, he de avivar mi curiosidad.
Cuantos años, aprendiendo una historia transformada, deformada. Años de ver y creer,
crecimiento tardío a nivel intelectual, crecimiento prematuro a nivel emocional. Una vida de mitos
y errores, días días días, absorbiendo ideas ajenas y construyendo un ambivalente puente por el
que cruzo cada mañana. Proyectos de alto presupuesto que atacan mi dependencia económica.
Mi conclusión final es desoladora: Me he rendido antes de comenzar.
Antes de enterrar mis pies en la arena, he decidido que allí no hay lugar para mí.
Antes de adentrarme en la inmensidad del mar, he permanecido sumergida en la profundidad silenciosa,
del anonimato.
Aspiraciones, suspiros, callar y guardar, ha sido mi dedicación.
¿Por qué espero la ayuda de alguien? De qué carezco? ...De ilusión.
Algún día me enteraré que he vivido amarrada a una silla dándome la razón.
Y cuanta razón puedo tener, cuando me mentalizo hacia la decepción, cercano por cierto a la deserción.
Mi idea única del mundo sigue en una bola de cristal. Habitación de actividad, calle-sociedad negativa, pensamientos encerrados, días de tormenta y noches de ansiedad, gritos y lágrimas, AHOGO.
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